Año 1 - Edición No 1- 2006, Envigado - Colombia
 

REFLEXIONES DESDE EL AULA EN TORNO AL QUE HACER DEL PSICÓLOGO


Elkin Alonso Serna
Elkinsb33@hotmail.com
Estudiante de Psicología IUE




La aproximación que he tenido a la Psicología a partir del pregrado que ofrece la I.U.E., me ha permitido acercarme, aunque de manera muy somera, a las diferentes áreas de aplicación de la psicología; durante este recorrido se han ido esbozando diferentes campos de acción donde la Psicología es de utilidad. Esto me ha propiciado un acercamiento a campos en los que realmente consideraba que esta disciplina no tenía mucho qué decir.

Después de haber escuchado hablar de clínica, salud educacional, organizacional, social, comunitaria, deportiva, ecológica, judicial, y otras, ha prevalecido en mi la angustia que en algún momento me llevó a elegir o por lo menos a inclinarme por la carrera que hoy estudio.

Esta angustia tiene que ver con el hecho de que la psiquis del ser humano es demasiado compleja, de que en ella se estructuran asuntos que con una sola mirada es imposible siquiera intentar resolver, y lo que aquí quiero expresar es que la psicología no es suficiente para comprender el SER. Por eso mi inquietud va más allá de elegir simplemente un área de aplicación.

Los tiempos actuales exigen de quienes nos preparamos como psicólogos, actitudes menos simplistas acerca de la comprensión del ser humano, a partir de los nuevos retos que implica una sociedad que cada día está o vive más de afán. Así que mi principal reto será mirar con ojo crítico los procesos sociales que en el devenir de nuestros días se plantean.

Asuntos tan trascendentes como el dominio del capitalismo, el deseo desmedido de bienes materiales, la forma como las personas establecen sus lazos de afecto o vinculación, la misma comunicación que hoy en día esta mediada por lo electrónico, el nuevo rol de la mujer en la sociedad… todos estos asuntos que apenas empiezan a esbozarse y que permiten abrir nuevos campos de estudio a la psicología, una disciplina que no termina de escribirse, que antes por el contrario, a diario nos ofrece mayores posibilidades de descubrir aquello que se convierte en su objeto de estudio, y que por ser tan abstracto está imposibilitada para ofrecer una respuesta definitiva frente a aquello de lo que se ocupa: hablo del “alma” misma.

Por eso para mi, más que en la especialización o en el estudio de alguno de los campos ocupacionales de la psicología, el interés se centra en su materia prima, en el “alma”. Es por ella por la que quiero indagar, quiero devolverle lo que por derecho le corresponde, quiero que sea ella quien de nuevo sea la dueña y señora de los sentimientos. He logrado sentir, sin descalificar por supuesto ninguno de los enfoques, que a “psique” (el alma) la han querido meter tanto al laboratorio que se han olvidado de lo esencialmente importante: que es ella la esencia constitutiva del ser y que esa esencia no soporta ni pruebas ni medidas.

Los asuntos del alma sólo pueden ser estudiados desde el alma misma, sólo en la medida en que el ser humano pueda volver a sí mismo, los caminos y las angustias constitutivas de nuestro ser podrán tener oportunidad, más que de ser superadas o eliminadas, de ser expresadas con la tranquilidad que da el saber que en nosotros están y que la decisión de estar bien solo parte de nuestro propio interior.

En consecuencia con estos planteamientos, considero que el principal interés de la psicología debería ser estar en lo investigativo (desde la observación). La Psicología se convertiría así en una fuente de conocimientos y en una herramienta al servicio de los demás. Como amante de este saber, quiero explorar más allá de lo que la teoría me permite. No concibo mis años de ejercicio sentado al pie de un diván, con una consulta propia o con un trabajo de oficina, donde a cambio de un sueldo me dedique a leer pruebas psicotécnicas, y de pronto de manera esporádica a escuchar a alguien con el fin de ayudarle a resolver sus angustias. No, lo que realmente me interesa está en la calle, en la observación, en la mirada acuciosa a una sociedad que ya no tiene tiempo siquiera para detenerse a observar. Yo me veo en otro ámbito, me gusta ese detenerse a partir del cual es posible desarrollar una buena técnica que permita, a partir de la valoración de situaciones reales, construir nuevas visiones que se ajusten a las realidades actuales.

Esta sociedad hacia la cual se ha volcado el hombre, lo ha hecho abandonar su esencia. Ya casi no tiene tiempo para conectarse consigo mismo. Muy pocos se están haciendo la pregunta por su vida, todo por el loco afán que significa existir; ya nadie se quiere conectar con lo que implica el propio ser, con aquello que en el fondo se es, y lo más preocupante acontece cuando alguna situación de pérdida o cualquier otra que desequilibre su estado actual, se presenta. Esto suele acarrear una profunda depresión frente a la cual no se tienen herramientas, ni elementos suficientes para entender que éstos son procesos naturales del vivir, que en muchas ocasiones llegan a nuestra vida para ponernos en contacto con nosotros mismos y con nuestro propio ser.

Es ahí cuando la pregunta esencial por la existencia surge, pero el hombre, como lo dijimos, no posee las herramientas suficientes para confrontar dicha situación, entonces la depresión se torna en una angustia infinita que hace que el alma busque ayuda.

¿Y qué clase de ayuda se le ofrece, cuando se piensa que el ser humano es un producto ocasional, víctima de unos instintos primarios, un ser condenado a un único destino, porque la forma como se relacionó con sus padres no fue la mas adecuada, o porque tiene unos esquemas demasiado arraigados? Entonces tenemos que llevarlo a cambiar.

Yo digo que no, que el ser humano existe en el hoy, en el aquí y el ahora, como lo propone la filosofía zen, concepción hábilmente recogida por la gestalt. Entonces, es a ese ser que existe a quien la psicología debe serle de utilidad, para propender por un acompañamiento en la búsqueda angustiosa que hace del sentido de la vida. Así la mirada debe estar abierta, pues eso es lo único que posibilitará descubrir en torno a qué gira la vida y la angustia de aquellos que en algún momento de ésta harán el viaje a lo más profundo y oscuro de su alma, sin que la angustia o el extrañamiento, refuten o inmovilicen la búsqueda sino que se conviertan en la posibilidad de reconocer que la humanidad está plagada de tan profundas subjetividades, que a diario pueden sorprendernos con aquello que nos ofrecen.


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