Año 1 - Edición No 1- 2006, Envigado - Colombia

II

Los sujetos entran en los juegos de verdad a través de instituciones, de prácticas de control, de modelos científicos. El arte, la ciencia, las relaciones interpersonales como la amistad, el amor, son espacios en los que se establecen juegos de verdad y relaciones de poder que los regulan, espacios en los que apartir de un consenso se construyen verdades.

“…la ciencia no es un acaecer originario de la verdad, sino en cualquier momento, la elaboración de un terreno de verdad ya abierta, y sin duda mediante la concepción y justificación de lo que en su ámbito se muestra en lo cierto posible y necesario. Cuándo y hasta dónde una ciencia llega más allá de lo cierto a una verdad, y esto significa, a un descubrimiento esencial de lo existente como tal, es filosofía.”

Hay relaciones de poder en las prácticas coercitivas pero también las hay, e incluso con mayor frecuencia e intensidad, en los juegos de verdad en los que participan los sujetos, en las prácticas de autoformación que implica el cuidado de sí y que no tienen que ver con lo lúdico o lo poco serio, ya que la búsqueda de la verdad es una de las cosas más serias a las que se dan los sujetos, sino con el conjunto de normas que regulan dicha búsqueda, con los criterios a partir de los cuales se establece la veracidad o falsedad de los resultados. Los juegos de verdad son móviles, occidente se ha caracterizado por no dar respuestas ultimas a los asuntos sino por dejar siempre abierta la posibilidad de las modificaciones, del ingreso de una nueva verdad. Por otra parte no se ha exclusivizado el juego, ha habido juegos con sus normas propias y sus resultados. La verdad en este espacio tiene que ver con la palabra que surge de individuos libres que han creado un consenso y no con imposiciones arbitrarias. Quien dice la verdad tiene un poder, la verdad y poseerla dan poder a los individuos. Pero el poder no es malo, como se lo ha visto durante mucho tiempo, ni tiende a una dominación de los otros. Las relaciones propias de las instituciones humanas, familia, matrimonio, escuela… Son relaciones de poder en las que los individuos, en virtud de la libertad de que gocen planean las estrategias que determinan su posición frente al otro, así como el funcionamiento de las comunidades afectivas, científicas, pedagógicas, políticas…Este tipo de relaciones, contrario a dar cuenta de un estado de dominación creciente, dan cuenta de un ejercicio creciente de la libertad y del poder de influencia de unos individuos sobre la conducta y el comportamiento de los otros. No se trata de disolver las relaciones de poder entre los hombres y de buscar una transparencia en la que no sea posible el engaño, la estrategia, la mentira incluso, se trata más bien de reglamentar de un modo que favorezca los juegos de verdad entre los sujetos, las normas del juego. Hay que conocerse para participar en estos juegos, que son sin embargo ineludibles pues mediatizan las relaciones humanas. Si se es incapaz de defender la propia verdad, de aceptar el fracaso, de mantener el equilibrio entre las posiciones de ventaja y desventaja, las relaciones de poder pueden devenir, por la ley del más fuerte, que en este caso podría ser fácilmente, la del mejor estratega, relaciones de subyugamiento o de servidumbre voluntaria.

III

Ya que la condición de las relaciones de poder es la libertad de los individuos, la dominación aparece cuando la estructura propia de determinado juego de verdad no da espacio a los individuos o cuando por falta de fortaleza los individuos acceden a estados de dominación por parte del más fuerte. En los estados de dominación no es posible para alguna de las partes revertir la influencia que sobre su conducta se ejerce de modo que su participación se anula y por tanto también la relación de poder llega a su fin. Frente a los estados de dominación no existe una utopía que lance a los sujetos a un estado de neutralidad al margen de las estrategias, la liberación es posible pero abre espacio a nuevas relaciones de poder que es necesario de nuevo controlar e inscribir en preceptos morales y prácticas de libertad que las hagan posibles. La liberación sin embargo, tiene que ver mas con un cambio de posición subjetiva que con una liberación de un yugo exterior. Se trata de liberar el deseo, la enunciación, de arrogarse el derecho de detentar la verdad…

“En lo que se refiere a la sexualidad es evidente que es únicamente a partir de la liberación del propio deseo como uno sabrá conducirse éticamente en las relaciones de placer con los otros.”

Se trata de una liberación pero de una liberación subjetiva, del propio deseo, del propio querer y de la capacidad para gobernarse a sí mismo, de este modo adquiere la ética la forma de una práctica reflexiva de la libertad frente a sí mismo, que se convierte en liberación frente a los otros. Quien es presa de sus impulsos y no ha hecho un trabajo reflexivo que los encauce, los potencie, los dirija a favor de si mismo será por siempre un esclavo y por tanto estará al margen de toda ética.

Para acceder a este nuevo espacio ético es necesario poner en entredicho la radicalidad de ciertos conceptos que han caído en la niebla a fuerza de ser repetidos insistentemente. La moralidad y el poder no son dos fardos con que carga el hombre y apartir de los cuales se le domina y se le irrespeta, son por el contrario condiciones necesarias de todo amor saludable a sí mismo. De otro lado la libertad no es la utopía ni el opuesto del poder o de la moral, es, paradójicamente, la condición para participar en las relaciones de poder.

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